Pero puesto
que había conocido en mí muy
claramente que la naturaleza inteligente es distinta de la corporal,
considerando que toda
composición indica dependencia y que ésta es manifiestamente un defecto,
juzgaba por ello
que no podía ser una
perfección de Dios al
estar compuesto de estas dos naturalezas y que, por consiguiente, no lo
estaba; por el contrario, pensaba
que si existían cuerpos en el mundo o bien algunas inteligencias u otras naturalezas
que no fueran totalmente perfectas, su ser debía depender de su poder de forma tal que tales
naturalezas no podrían subsistir
sin él ni un solo momento.